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Como seguramente uno de los primeros ítems en vuestra lista de propósitos para el año nuevo tiene que ver con mejorar la dieta y la nutrición, escribimos este post por si acaso albergáis una mínima duda de los beneficios que tiene nuestro postre favorito. Los helados son buenísimos!! Claro que, como todo, no es cuestión de zamparse un litro cada día, pero consumidos con moderación forman parte de una dieta 100% saludable.

Los helados responden a las dos dimensiones de la alimentación: por una parte aportan energía y nutrientes, contribuyendo así a la dimensión fisiológica; pero también, sobre todo por su sabor, textura y frescor, contribuyen a la dimensión psicológica de la alimentación, nos proporcionan placer.

Obviamente, no todos los helados son iguales, en función del tipo y la cantidad de ingredientes utilizados tendremos diferentes tipos. Aunque la clasificación legal es más exhaustiva, a efectos prácticos podemos diferenciar dos grandes grupos, los helados de base láctea (helados crema y helados de leche) y los helados de base acuosa (sorbetes y helados de agua). El valor nutritivo de ambos grupos es distinto, pero tanto en un caso como en el otro pueden ser integrados a nuestra dieta.

Desde un punto de vista nutricional, los helados de base láctea aportan, energía y nutrientes de interés. Su valor nutritivo radica fundamentalmente en la leche que contienen y por ello pueden destacarse como fuentes de calcio y de proteínas de elevado valor biológico.

Los sorbetes y helados de agua tienen como ingrediente básico el agua. Su valor nutritivo es menor, salvo que contengan una proporción significativa de frutas. Los sorbetes, en función de la naturaleza y cantidad de fruta que contengan pueden aportar dosis variables de micronutrientes (vitaminas y minerales).

También presenta ventajas dentro de la nutrición infantil:
1. El valor calórico de los helados los convierte en alimentos de valor energético moderado. Su aporte energético puede ser menos significativo en un niño que en un adulto, debido a que en la niñez hay una gran demanda de energía para hacer frente al crecimiento y a la actividad física propia de este periodo.
2. El helado puede ser un vehículo adecuado para contribuir a las necesidades de proteínas de la infancia. Además, las proteínas de los helados, debido a que son exclusivamente de origen lácteo, son de buena calidad nutricional.
3. Los helados que contienen leche son una buena alternativa para contribuir al aporte alimentario de calcio.
4. Respecto a las vitaminas, el aporte más destacable de los helados de base láctea es la vitamina B2. El consumo de 100g. de helado puede llegar a cubrir aproximadamente entre un 7 y un 13% de la CDR de esta vitamina en los niños.

Más adelante os contaremos sobre las ventajas psicológicas y sociales de comer este delicioso manjar.

Feliz 2015!

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